Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

23 enero, 2026

«Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.» (Santiago 1:22)

Un taxidermista capturó un pájaro espléndido. Cuando alzó el cuchillo para matarlo el pájaro le rogó: «Perdóname la vida. Tengo pequeñuelos. A cambio te daré tres consejos, muy sencillos, pero muy útiles.» El taxidermista se admiró de que un pájaro pudiera hablar en el lenguaje humano y le prometió libertad si el consejo era bueno.

El pájaro dio el siguiente consejo: «Primero, no creas ninguna cosa estúpida, no importa quien sea el que te hable. Segundo, nunca te arrepientas de una cosa buena que hayas hecho. Tercero, nunca trates de alcanzar algo inalcanzable.»

El taxidermista vio la sabiduría de este consejo y dejó ir al pájaro. El pájaro voló a la primera rama y desde allí se burló de él; «Idiota, ¿por qué me has dejado ir? En mi barriga tengo un diamante. Si tú me hubieras desgarrado, habrías sido rico para el resto de tu vida.»

Escuchando ésto, el taxidermista se arrepintió de haberlo liberado y empezó a trepar al árbol para recobrarlo. Pero cuando llegó a la primera rama, el pájaro ya estaba en la segunda, y cuando llegó a la segunda. el pájaro ya estaba en la tercera. Al final perdió el equilibrio, se cayó del árbol y se rompió ambas piernas.

Mientras yacía gimiendo bajo el árbol, el pájaro se acercó y le dijo: «Aceptaste mis tres consejos y los alabaste por ser sabios. ¿Por qué no les hiciste caso por lo menos por cinco minutos? Te dije que no creyeras nada estúpido, sin importar quien lo dijera. ¿Cómo es que creiste que un pájaro tenía un diamante en la barriga? Te dije que nunca te arrepintieras de un hecho bueno. ¿Por qué te has arrepentido de haberme liberado? Te dije que nunca trataras de alcanzar lo inalcanzable. ¿No sabías que no puedes coger a un pájaro con tus manos desnudas? Ustedes los hombres han inventado la radio y pueden escuchar en un país las conversciones de otro país, pero no han descubierto todavía un aparato que los haga capaces de oir con sus oídos lo que sus propias bocas hablan. o creer en su corazón lo que su mente reconoce como justo.»

Tú aceptas la Biblia como la Palabra de Dios. No seas tan sólo un oyente o un lector. sino también un hacedor y realizador.