Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

14 enero, 2026

«Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.» (Job 1:21)

Se cuenta que un ángel apareció a una madre que cuidaba la cuna de su bebé y entonces le pidió su niño. Ella gritó: «Muerte, no te lo daré.» El ángel sonrió y dijo: «Mi nombre no es muerte, sino vida. Te ofrezco a otra persona en cambio.» Le mostró un muchacho bello. Ella-se negó. Le mostró a un joven fuerte. Se negó de nuevo. Le mostró un hombre adulto industrioso. Repitió: «¡No, no!» a todas las ofertas. «No lo cambio por nada. Deseo retener a mi niñito.»

El ángel se fue. El tiempo pasó y ella tuvo que perder al niño. Fue cambiado por un muchacho. Perdió al muchacho. Fue cambiado por un joven, etc.

¿Por qué temer a la muerte? No perdemos en la muerte lo que no perdemos cada día. Día a día nuestros amados cambian de un estado de vida a otro. Lo que llamamos muerte es uno de éstos cambios. El capullo ya no es más. Se ha convertido en flor. La oruga ya no es más. Se ha convertido en mariposa. Puede ser que el sol se haya puesto para tí, pero da su luz en otra parte.

Cuando el ángel se haya llevado a nuestro ser querido, conformémonos humildemente con los hechos de Dios.