Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

11 marzo, 2026

“No juzguéis.” (Mateo 7:1)

El Señor Jesús dijo a Pedro: “A tí te daré las llaves de los cielos. (Mateo 16:19) Todo hijo de Dios puede abrir el reino a cualquiera, aún al peor de los hombres, proclamándole el perdón de Cristo. Pero el mismo Jesús dijo: “Yo tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apoc. 1:18) Estas, a nadie las dio. Las reservó para sí mismo. De otra manera algunos de nosotros nos hubiéramos echado al infierno por nuestra necedad, y hubiésemos condenado al infierno a aquellos que no creen como nosotros. Una madre le da a su niño un juguete, no un cuchillo, con el cual puede cortarse. Por lo tanto, Pedro recibió las llaves del cielo, pero no las del infierno.

Lutero dijo acerca de Erasmo, su adversario filosófico: “Murió sin luz, sin una cruz, y sin Dios,” lo que significa que lo condenó al infierno. Las últimas palabras de Erasmo fueron: “Amado Dios.”

Se te ha confiado una sola llave. Abre las puertas del cielo a otros. A nadie condenes. No te condenes a tí mismo.