Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

22 enero, 2026

«Está establecido para los hombres que mueran una sola vez.» (Hebreos 9:27)

El negocio más seguro es el del funerario, mientras que otros comercios vienen y van. Posiblemente nunca entres en una tienda de joyeria o en un teatro, pero tendrás que morir. ¿Cómo le harás frente a la muerte?

Julio César murió desilusionado. Su hijo adoptivo estaba entre sus asesinos. Las últimas palabras del gran César fueron: «Brutus. ¿tú también?» Goethe dijo: «Más luz, más luz.» No la había buscado antes. El último pedido de Oscar Wilde fue: «Champaña, por favor,» y añadió: «Muero como he vivido, por encima de mis posibilidades.» Napoleón murió delirando con el grito: «¡Mon Dieu, la nación francesa a la cabeza del ejército!» El matemático célebre Laguy pasó 36 horas en silencio en su lecho de muerte. Cuando su amada le habló, no reaccionó. Pero cuando un conocido le preguntó; «¿Todavía sabes cuánto es 67 a la segunda potencia?» el matemático contestó sonriendo: 4489″ y murió. Carlyle dijo: «¿ Así que esto es la muerte? Es buena.» Las últimas palabras del poeta alemán Heine fueron: «Flores, flores. ¡Qué linda es la naturaleza!» No tuvo pensamiento alguno sobre el Creador. El escritor francés Rabelais dijo antes de morir: «Que caiga la cortina. La comedia ha terminado.»

Las últimas palabras de Jesús fueron; «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» (Lucas 23:46) Cuando estaba en la prisión decidí que de estar consciente en el momento de mi muerte mis últimas palabras serían: «Jesús y Binzea» (como llamo a mi esposa). Los cristianos saben la razón de la muerte y tienen la seguridad de que les espera el amor en el otro lado.