Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. (Romanos 8:28)
Se cuenta la historia de un sobreviviente de un naufragio que fue arrojado a una isla deshabitada. Después de un tiempo se las arregló para edificarse una choza primitiva en la cual colocó todo lo poco que pudo salvar del barco que se hundió. Oró a Dios para que lo liberara y ansiosamente escudriñaba cada día el horizonte para llamar a cualquier barco que pasara por allí.
Un día, cuando volvía de cazar, se horrorizó al encontrar su choza en llamas. ¡Todo lo que había salvado se volvió humo! Había sucedido lo peor, aparentemente. Pero lo que parecía tan gran tragedia a primera vista, fue en realidad para bien, aunque a la vista limitada del hombre le parecía una pérdida devastadora.
En la sabiduría infinita de Dios su pérdida fue realmente una respuesta a su oración más ardiente. El mismo día llegó un barco. «Vimos tus señas de humo,» dijo el capitán.
¿No podemos tomar nuestras calamidades aparentes y buscar lo mejor de Dios en ellas?
Aún la calamidad de la muerte ayudó para la gloria de Dios en el caso de Lázaro. Y a Juan el amado se le dieron sus grandes visiones del futuro del mundo y el cielo mismo mientras estaba exilado en la Isla de Patmos.