Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

19 marzo, 2026

«Le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna.» (Juan 17:2)

Giacomo Puccini tuvo éxito en su vida. Sus óperas Manon Les- caut y Madame Butterfly lo hicieron famoso. Tenía dinero y fama. Las mujeres lo perseguían. Parecía que tenía todo lo que necesitaba para ser feliz. No era feliz.

Cuando estaba en la cima de su gloria, escribió: «Exito? De qué vale, si en todo caso viene la vejez y la muerte. Me gustaría crear nuevas óperas, escribir más piezas musicales, pero ay, no tengo más fuerzas.»

A la edad de 80 años Mao Tse-tung recibió al presidente de Ale- mania Occidental y le contó acerca de sus planes grandiosos para la China Roja. El presidente contestó que con persistencia podría lograr- los, y citó el proverbio: «Tanto persiste la gota que rompe la piedra,» a lo cual Mao replicó: «Sí, pero ya no tengo suficiente agua.»

Kirov, uno de los líderes máximos del bolchevismo ruso fue ase- sinado por Stalin. Había terminado su último discurso con las palabras: «Me gustaría vivir, vivir y vivir.»

Si todo termina con la muerte, aún la vida más grandiosa es como un banquete en honor a alguien sentenciado a muerte. Gozas la comida, y entonces te ahorcan.

¿Deseas logros duraderos y energía sin fin para crear cosas de valor? Entonces tu primera prioridad debe ser asegurarte de la vida eternal. Jesús dijo: «Todo aquel que vive y cree en mí no morirá eter- namente.» (Juan 11:26)