Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
“Jesús dijo: Yo soy la vida.” (Juan 14:6)
¿Por qué Dios nos dio su Palabra? ¿Por qué no un retrato? El átomo no se puede dibujar. Tampoco la realidad; aún menos Dios. Una escala de fragancias o gustos tampoco nos hubiera instruido como lo hace Su Palabra.
¿Pero es la palabra un medio perfecto de comunicación? Algunas palabras tienen muchos significados. En hebreo barach significa “bendición” y “maldición”; kedeshah, “prostituta” y “santa”; hesed, “gracia” y “abominación.” En griego afes significa “perdonar” y “dejar.” Los versículos de la Biblia pueden interpretarse de varias maneras. Necesitamos seguridad. Nuestra vida eternal depende de conocer la voluntad de Dios claramente.
Un pastor dijo a un niño judío de doce años: “Si Jesús es realmente el Mesías enviado por Dios y tú no crees en El, te perderás eternamente.” El niño contestó: “Si Jesús es realmente el blasfemo que nuestra corte declaró que era, tú pasarás la eternidad en el infierno.” No se puede bromear con la religión. Si Cristo no ha resucitado y hemos renunciado a tantos placeres terrenales esperando la resurrección, “somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.” (I Cor. 15:19) Si hay una resurrección y hemos gastado nuestra vida en placeres vanos, somos necios.
No te limites solamente a las palabras de la Biblia sino acepta la revelación total de Dios. El se revela a través de todas Sus acciones. Los hebreos a través de los cuales fue dada la Palabra de Dios no tienen una palabra para “palabra”. Para ella usan la expresión davar, lo cual significa “cosa, algo real.” La realidad entera exterior e interior es la revelación segura de Dios—el acontecimiento entero en Gólgota, tu vida entera con sus pecados y arrepentimiento, sus caídas y recuperaciones, sus penas y sus gozos. Cree en la vida, Su vida. Acéptalo en tu vida. Entonces tendrás la seguridad de la vida eterna.