Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
“(Dios dijo a Abraham) Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac… y ofrécelo (sobre el monte Moriah) en holocausto.” (Génesis 22:2)
Una muchacha llamada María cuenta la historia de un juicio en la corte en la Unión Soviética en el cual su madre fue privada de sus derechos paternos. Le gritaron: “Tú eres una madre. Niega a Dios. ¿Qué te ha dado? ¿A quién amas más, a tus propios hijos o a tu ídolo? ¿Cómo puedes?” Y su mamá sentada con su bufanda cubriéndole los ojos, repetía: “Dios lo ve todo. El recompensará de acuerdo con ello.” Cuando los niños, incluyendo María, le gritaron: “Mamá, no nos abandones,” ella ni siquiera se volvió a ellos.
Es una escena exactamente como aquellas que leemos en la historia de los primeros mártires quienes fueron a la arena del circo para ser devorados por bestias salvajes. Se negaron a escuchar los ruegos de sus seres queridos cuando se les pidió retractarse y salvar sus vidas por amor a sus hijos.
Con Dios, fue el misterio de preferir la muerte de Su Hijo antes de permitir la muerte eterna de los pecadores; con los santos, el misterio de preferir perder a sus hijos antes que negar a Dios. Así es nuestro Dios; así somos nosotros. No podemos hacer nada fuera de cantar Su alabanza cualesquiera que sean las consecuencias.
Donde sea necesario escoger, no vaciles. Sacrifica lo que más amas o a los que más amas por Dios. El lo sacrificó todo por ti.