Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

18 febrero, 2026

“¿Señor, soy yo?”. Mateo 26:22

Una carta sacada clandestinamente de Rusia por la Iglesia Bautista en Barnaui cuenta cómo la Policía Secreta infiltró sus rangos hace seis años en la persona de una señora llamada Z. Polushina. Ella pretendió ser una maestra. Lloraba y oraba y se declaraba convertida.

Pronto llegó a ser una heroína. Se negó a renunciar a su fe, perdió su trabajo, y fue despedida de una fábrica tras otra a causa de su testimonio cristiano. Su esposo, comunista, la maltrataba y le quitó a su hijo. Destruyo su radio para que ella no pudiera escuchar los sermones del exterior.

Todos los miembros de la iglesia vieron su valor en el sufrimiento. Así que llegó a ser muy apreciada y respetada. Fue ella quien desenmascaró a un nuevo miembro de la iglesia como un agente de la Policía Secreta. Mantenida en alta estima, conocía todos los secretos de la iglesia, ya que sus oraciones siempre iban acompañadas de lágrimas. Después de seis años se descubrió que ella había sido una informante para los comunistas, que no tenía esposo, o hijo, ni trabajo que perder. Todo había sido una farsa.

No te amargues ni te sorprendas si has sido traicionado en la amista o en el amor, o si has perdido la confianza en alguien. Puede que la falta sea tuya por no hacer caso del mandamiento de Jesús: ―Guardaos de los hombres. (Mateo 10:17) El número de franceses, holandeses, y noruegos que traicionaron a su patria ba-jo la ocupación alemana fue grande, al igual que el número de soldados americanos quienes cooperaron con el enemigo mientras eran prisioneros de guerra en Co-rea y Vietnam.

En vez de demandar fidelidad de otros, cuando oigas de alguna traición pregúntate a ti mismo como lo hicieron los apóstoles: ―¿Señor, soy yo? Todos tenemos potencial para ser Júdases, y sólo con la gracia de Dios podemos mantenernos leales a Dios y a nuestro prójimo.