Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«Fueron apedreados, aserrados . . .» (Hebreos 11:37)
Sucedió en el 1964. Kingese, el gobernador loco de Stanleyville, y otros líderes Sambi se habían resuelto eliminar la enseñanza religiosa en su país y borrar el nombre de Dios del Congo.
En un caserío todo hombre que usaba pantalones en vez de un taparrabo era asesinado. En Kindu, los rebeldes quemaron tantos cuerpos ante el monumento de Lumumba que la acera se agrietó debido a tanto calor. En Paulis, según los observadores, el total fue cuatro mil. Algunos murieron desmembrados, otros fueron forzados a tomar gasolina y luego le pegaban fuego a sus cuerpos.
Veinte miembros de la Misión de los Campos No-evangelizados y nueve de otras sociedades murieron como mártires. Setenta de las misiones católicas perdieron sus vidas en este mundo. Todos murieron por Cristo. También murieron por la necedad de conceder la independencia a gente que todavía estaban en una etapa infantil.
Los misioneros tenían la consolación de saber que muchos congoleños se mantuvieron firmes en su compromiso con Cristo a pesar del terror.
Los granos de trigo habían caído al suelo y muerto. Su ejemplo produjo una cosecha de nuevas almas para Cristo. No todos somos llamados a ser mártires, cada uno tiene que ser un co-mártir. Debemos amar a Cristo de todo corazón como lo hicieron ellos y compartir sus angustias, pruebas, y triunfos en oración. Intercedamos regularmente por Africa.