Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«Cuando (David) tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban . . . entró en la casa de Dios . . . y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes . . .» (Marcos 2:25,26)
Necesidades poderosas e impulsos fuertes a veces ponen al ser humano en una posición que lo obliga a romper las reglas normales establecidas por Dios, o la cultura. Nunca racionalices sobre lo que debes hacer en esas circunstancias. Infórmate de la ley; ten conciencia de tu condición especial y de tus complejos psicológicos, los cuales son tan reales como el metal. Rechaza el estado de hombres caídos quienes a veces no pueden satisfacer aún un hambre legítima sin traspasar una regla. Dí como el apóstol: «Ya no soy yo, que hace aquello (la cosa injusta), sino el pecado que mora en mí.» (Rom. 7:17) Separa tu «yo» decisivamente del pan prohibido que el hambre te obliga a comer.
El muy perseguido sacerdote ruso ortodoxo Dudko cuenta acerca de una niña soviética que había venido a confesar. Ella dijo: «Creo, pero ellos me obligan a usar la bufanda roja, la cual es la insignia de los pioneros, la organización de niños comunistas ateos. Me siento impotentente.» Si se negaba, sería golpeada y expulsada de la escuela, y sus padres podrían terminar en la prisión. Así que roció la bufanda roja con agua sagrada, sobre la cual el sacerdote pronuncia oraciones especiales y la cual es usada en rituales ortodoxos. «Me pongo la bufanda,» confesó ella, «sólo después de haberla rociada.»
En el mundo libre a veces estamos obligados a hacer cosas que normalmente no deberían hacerse. Enfréntate a los hechos como son; no trates de buscar excusas, sino hazlas en el nombre de Cristo. Eres humano. Y todo es santificado con oración. (I Tim. 4:5) «Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.» (Romanos 14:22)