Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

31 enero, 2026

«Amarás a tu prójimo.» (Mateo 22:39)

Los os que llevan luz a las vidas de otros no pueden impedir que les llegue a ellos mismos.

Jesús «anduvo haciendo bienes.» (Hechos 10:38) Por eso pudo cantar la noche cuando fue traicionado. (Vea Mateo 26:30)

No requieras una sonrisa de la gente. Si ves a alguien sin una sonrisa, dale la tuya. Multitudes seguían a Jesús. Era porque El no esperaba simpatía por sus grandes penas. El los consolaba.

No te enojes con el hombre que actúa en una manera que no te agrada. Puede que él haya escuchado a un tamborilero diferente. Cada uno anda según la música que oye. Deja que oiga de tí una melodía más bella. Puede que cambie su paso.

En una fiesta en mi casa unos cristianos discutían acerca de sus amigos. A algunos creyentes los consideraban buenos, a otros débiles y a otros incrédulos. Un misionero anciano de la India intervino: «No clasifiquen a la gente. Puede que nuestros juicios sean incorrectos. Propaguemos el amor de Cristo cuando hablamos. Esto alegrará al creyente fuerte, fortificará al débil y convertirá al incrédulo. Así habremos hecho algo postivio. Cuando categorizamos al hombre, no lo estamos ayudando.

Esparce luz entre los demás en vez de juzgar cuánta luz tiene otro en su vida.