Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«Haced bien a los que os aborrecen.» (Mateo 5:44)
El siguiente episodio aconteció en una celda de una prisión en un país comunista:
Un día los guardias empujaron a un nuevo prisionero a la celda donde sólo cristianos estaban detenidos. Estaba esquilado, sucio, y delgado. Al principio nadie lo reconoció. Pero después de unos minutos alguien exclamó: «Este es el capitán X.» Era uno de los peores torturadores de los cristianos. Había arrestado y golpeado a muchos de aquellos con quien ahora compartía la celda. Lo rodearon y le preguntaron cómo había llegado a la prisión. Con lágrimas bajándole por la mejilla, contó su historia.
Varios meses atrás, mientras estaba sentado en su oficina, un niño de doce años entró, con una flor en la mano para la esposa del capitán. El niño le dijo: «Capitán, usted fue el que puso a mi padre y a mi madre en la prisión. Hoy es el cumpleaños de mi mamá. Yo siempre le compro una flor en este día. Por causa de usted no tengo madre a quien alegrar hoy, pero ella es una cristiana y me enseñó a amar a mis enemigos y a pagar bien por mal. Así que se me ocurrió traer una flor a la madre de sus hijos. Por favor, llévela a su esposa y dígale de mi amor y del amor de Cristo.»
Fue demasiado, aún para un capitán comunista. El también es una criatura de Dios, iluminado con «la luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo. (Juan 1:9) Abrazó al niño. No podía torturar más, ni mantener su posición. Ahora consideraba un privilegio sentarse en prisión con aquellos que había encarcelado.
El amor que perdona es la clave para una vida cristiana victoriosa.