Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

20 marzo, 2026

«En las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.» (Judas 10)

Está fuera de cuestión que el hombre haya descendido de un mono. Los monos son fieles a sus esposas; no ejecutan abortos. Los monos no tienen bombas con que exterminar a los suyos. No conocen el crimen, el alcoholismo, la drogadicción ni la prostitución. No hacen ni miran películas inmorales.

El mono, criatura de Dios que ha permanecido como Dios lo hizo, no reclama para sí la prole humana. La teoría Darvinista es un insulto al mono. Jamás un mono concibió un libro tan mal fundado como *El Origen de las Especies*.

El hombre tiene un origen más alto. Fue creado por Dios a Su imagen. Mientras más alta la primera poción, más catastrófica será la caída. El hombre en su inteligencia muestra indicios de su primer estado, pero muy a menudo se parece más al lobo, al zorro, a la serpiente y al cerdo. Cuando el hombre se convierte en bestia, se convierte en la bestia más bestial. Y su descendencia se debe al pecado de los primeros padres humanos, perpetuada y agravada por su prole.

Es cierto que «El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende . . .» (Is. 1:3) El hombre no necesita que le digan que es familia de la bestia. El reino animal está claramente separado de la humanidad. Ha sufrido degradación a causa de la caída pero está más cerca del estado original que de la humanidad. La necesidad urgente del hombre es volver a su privilegio primario para recobrar la inocencia que Adán perdió.

Jesús, por medio de su sangre derramada, nos lava los pecados en este mundo y nos restaurará al estado perdido en el mundo venidero, cuando «este corruptible se haya vestido de incorrupción.» (I Cor. 15:54)