Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«El justo cuida de la vida de su bestia.» (Proverbios 12:10)
A menudo vemos a los caballos saltar en carreras o en el circo, en pinturas o en la realidad. Los huesos del pie del caballo son débiles. Este animal domesticado no está hecho para saltar. Se le enseña a hacerlo sólo pegándole duramente. Recientemente se han sometido los caballos a tratamientos de choques eléctricos; los entrenadores del circo tienen mini-pilas eléctricas en sus látigos. También se golpea a los caballos con barras de hierro para enseñarles a saltar sobre las cercas. El dolor les hace levantar las patas alto.
No apoyes o aplaudas explotaciones semejantes; por el contrario, compadécete del animal.
Yo, personalmente, no admiro las pirámides. Moisés no las consideró dignas de una breve mención. Pensó en la miseria de los esclavos que las construyeron.
Los prisioneros en las cárceles comunistas sufren mucha hambre. Una tajada de pan para una semana es un lujo anhelado. Sin embargo, los cristianos a menudo ahorran algo para dar de comer a las palomas y golondrinas que vienen confiadamente a los antepechos de las ventanas con rejas de hierro. Saben distinguir las ventanas de las celdas que contienen cristianos. Aquí no son decepcionadas.
La Biblia tiene mucho que decir respecto al cuidado de animales y prohibe la crueldad y la indiferencia hacia los animales desamparados. (Deut. 22:4) Jesús mencionó Su amor a las aves y Su preocupación acerca de los animales. (Lucas 14:5) No le pareció degradante ser comparado con un cordero o un león, o una gallina con pollos.
Emulémoslo en todas las cosas. Mientras que mostramos cariño a nuestro prójimo, no nos olvidemos de ser amables con los animales.