Alcanzando las Alturas
Richard Wurmbrand
«El Hijo del hombre vino… para dar su vida en rescate.» (Mateo 20:28)
Oremos por China. Cada cuarto hombre en el mundo hoy día es un chino. En China continental el cristianismo es completamente prohibido, pero el Espíritu de Dios tiene maneras extrañas de penetrar los lugares oscuros.
En una choza de una comunidad, una familia se reunió alrededor del abuelo, quien los entretenía con historias del rico folklore chino. Esta vez era la historia de Tso-Po-Tao, el hombre que había sido un símbolo de bondad. El había viajado una vez con su amigo, Yang-Chial-Ai. Tenían que llegar a Tsu Yuan Wang, pero después de unos días de viaje, se dieron cuenta de que la nieve estaba muy profunda y no tenían suficiente comida y ropa. No podían sobrevivir ambos. Tso-Po-Tao urgió: «Soy un siervo. Toma nuestra ropa y nuestra comida y logra tu objetivo. ¿Por qué tenemos que morir ambos?» Yang se resistió a aceptar esta oferta, pero ya Tso se había quitado su ropa y acostado sobre la nieve con sus manos estrechadas como si quisiera abrazar a toda la humanidad con su amor. En unos minutos murió congelado. Entonces Yang se puso sus ropas y tuvo comida suficiente para llegar a su destino. Siempre recordó con gratitud lo que Tso hizo por él.
Un niño preguntó: «¿Es ésta una historia verdadera o un cuento? ¿Existen hombres tan buenos como Tso? Nunca conocí esa clase de hombre. La mayoría a nuestro derredor son brutales.
El abuelo contestó: «Creo que no conocerás muchos Tsos. Una vez escuché a un hombre blanco decir que algo como esto había sucedido hacía mucho tiempo en un país lejano. Un hombre dio su vida mansamente como un cordero para salvar a muchos otros. El hombre blanco dijo: «Por eso es que nuestro signo chino para ‘justicia’ es la ‘I’ cubierta por un cordero.’ Hemos sido salvos por este ser bueno, pero yo soy analfabeta y no entendí mucho de lo que dijo. De todas maneras niño, harías bien en seguir el ejemplo de Tso.»
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres.» (Heb. 1:1)