Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

5 marzo, 2026

«Todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean.» (Marcos 3:28)

Un viajero estaba sentado en un coche del tren al lado de un joven que parecía estar deprimido. Finalmente el último reveló que era un convicto acabado de salir de la prisión. También admitió que su encarcelamiento avergonzó a su familia y no le habían visitado o escrito mucho. Había tratado de convencerse a sí mismo de que la negligencia de su familia se debía solamente a que eran muy pobres para viajar y muy ineducados para escribir. A pesar de sus malos presentimientos, esperaba que lo hubiesen perdonado.

Para hacerlo todo más fácil para su familia él les había escrito sugiriéndoles que si lo habían perdonado debían poner una cinta blanca en el árbol grande de manzanas cerca de la vía del tren como señal. Si no deseaban que volviera, nada tenían que hacer; él entendería, se quedaría en el tren y seguiría rumbo al oeste.

Mientras el tren se acercaba a su pueblo natal, el suspenso se hizo tan grande que no soportaba mirar por la ventana. El hombre mayor cambió de lugar con él y le dijo que él observaría el árbol. Unos minutos después puso su mano sobre el brazo del joven. «Ahí está,» susurró, con voz insegura. «Está bien. El árbol está lleno de cintas blancas.»

Los hebreos ni siquiera tienen una palabra en singular para la compasión de Dios. Es rahamim—compasiones. Cada palabra hebrea que termina en «m» es plural. No importa lo que hayas hecho, hay suficiente perdón en la sangre de Jesús.