Alcanzando las Alturas

Richard Wurmbrand

13 marzo, 2026

«La Escritura no puede ser quebrantada.» (Juan 10:35)

Un sionista llamado Shufrin fue encarcelado en Rusia. En la prisión conoció al bautista Solodiankin, de 72 años de edad. «La bondad y pureza transparente de aquel hombre le causaron una impresión profunda. Aún los soldados que nos vigilaban eran mejores cuando él estaba allí.» Era casi ciego. El interrogador había roto sus espejuelos. Todo lo que ganaba como trabajador esclavo lo usaba de esta manera: la mitad para su hermana enferma y 25% para su iglesia. Del resto (7.8 rublos) se compraba azúcar y pan; el resto lo daba a los prisioneros enfermos en el campamento.»

Shufrin le dijo que tenía una Biblia y que estaba listo para leérsela. Por la noche Solodiankin vino. Se había cambiado su camisa y peinado su pelo cuidadosamente. «Leer el libro eterno es una fiesta.» El judío leyó al cristiano de Isaías. En cierto momento fue interrumpido: «Cometiste un error leyendo.»

Era cierto. «¿Sabes el texto de memoria?»

«Por supuesto.»

«¿Entonces por qué debo leerte?»

«Porque para mí es un gozo el escuchar las Escrituras. Se le ocurren nuevas ideas a uno.»

Reconocemos el valor de una cosa solamente cuando no la tenemos. Aprendamos de aquellos que están privados del valor verdadero de las Escrituras y escudriñémoslas diligentemente.